Día 1: Tormenta
Te veía en todos lados, y te escuchaba cuando estabas detrás del asiento del auto. Mientras me bañaba, me hablabas. Cuando debía ir a la facultad me seguías. Me gritabas en el oído, metías tus dedos en mi nariz, y luego por un rato te ibas. Y cuando lograba tranquilizarme un poco, aparecías en mi aula, en el banco de al lado, preguntándome si tenía fuego, para fumar. Pero vos no fumás, aunque lo solías hacer.
¿Quién sos? ¿Sos vos? No entiendo tu objetivo, aunque de hecho, me molesta.
Un día apareciste en una especie de bar, cercano a mi facultad, me mirabas como para saludar, pero no eras vos, tal vez sí, pero no estaba seguro, tampoco lo estoy en este momento. Y cuando me decidí a saludarte, descubrí que no había nadie allí, en la silla donde te encontrabas. Estabas atrás mío, gritándome nuevamente, cada vez más y más fuerte. Mi cabeza, estaba a punto de explotar.
No se donde estás, donde vivís, si realmente vivís, o si es solo, mi imaginación.
Día 2: Indiferencia
Me decidí a no prestarte más atención. Me molestaba mucho tu "presencia", aunque creo que mucho más tu ausencia.
Pero por primera vez, en muchos años, me decidí a ser constante. A olvidarte. Lo logré sin duda alguna, en un par de horas ya no me importaba que estuvieras gritándome desaforadamente al oído. Y así empezaste a desaparecer. Ya no te escuchaba, y si lo hacía no me importaba. Dejaste de acompañarme a la facultad, mis atados de cigarrillos duraban mucho más, ya que nunca más me pediste ninguno.
En el baño sabía que te encontraría, así que decidí no bañarme nunca más. Y así fui creciendo como una persona libre, triste pero libre.
Como era de esperar, cuando llegue a mi propio y tan buscado equilibrio, apareciste otra vez. Ya no me importabas, dejé que todo surgiera sin barreras, y fue así como te encontré ese día. Pero era distinto, te podía tocar. Te veía con la mayor nitidez posible. No entendía que estaba pasando, pero sentí que debía darte otra oportunidad.
Día 3: Transformación
Y así fue. Te permití "relacionarte" otra vez conmigo. Si es que a eso se le puede llamar relación. Era muy extraño escuchar tu respiración, sentir tu olor y a la vez verte. Todo era muy distinto, la situación tenía como una pizca de realidad. Además no molestabas, no gritabas, no me golpeabas, solo me mirabas como diciéndome aquí estoy, viviendo al lado tuyo.
Todavía no entiendo cómo fue posible tu transformación.
Sentía fluir la felicidad por mis venas, aunque nunca estuve seguro que vos la tuvieras. Sin sentirme satisfecho, pero muy cercano a ese estado, me encontraba. No me seducía ninguna otra cosa en este planeta, más que verte con vida y sin hablar. Sin torturas.
Rompiste otra vez mi homeostasis, pero esa vez, me gustó.
Día 4: Estabilidad
Tuviste que empezar a hablar. Ya era insostenible esa situación, aunque placentera. Y así fue, cuando comenzaste a explicarme ese proceso de transformación.
Te reitero, nunca entendí como fue posible.
En fin, todo mas o menos aclarado, o por lo menos ya sin secretos, comencé a aceptarte. Vos también a mí.
¿Te acordás esas noches repletas de mis viejos y añejos whiskys? ¿Olvidaste ya cuántos viajes hicimos juntos? A veces me pregunto si ya te olvidaste de todo eso. Me acuerdo que no me faltaba nada, tampoco me sobraba. Pero nunca me faltó nada.
Todavía me angustia saber, que siempre el pasado fue mejor. Aunque a veces odie lo "mejor".
Día 5: Pérdida
Claro, ya me lo había dicho un amigo. No puntualmente como regla, pero sí como experiencia propia. Y tenía razón el porteño.
Estaba todo tan bien, que se avecinaba algo malo. Obvio, totalmente esperable. Ya no hablabas con calma, ya no dormías profundamente, por supuesto que yo tampoco. Por las mañanas ya no tenías hambre, a veces comías en el almuerzo. Estoy seguro que lo hacías solo para no preocupar, pero todo volvía a ser insostenible otra vez.
Nunca evidenciaste la verdad. Creí que nunca te irías.
Me impresionó con alevosía tu desaparición paulatina. Eso es extremadamente anti-biológico para la vista de un humano. Mucho más para la mía. Nunca había sentido tanto miedo, frustración, desolación, pero sobretodo sentí miedo. Creo que volvería a vomitar por el solo hecho de recordar ese momento.
Pero cuando al fin dejé de temblar sobre mi cama y decidí bañarme, apareciste otra vez.
Día 6: Acuerdo
Ya me cansé. Estoy absolutamente deshecho. Mis piernas sienten toda la presión que ejerce mi espalda sobre ellas. Y mi espalda soporta todo el dolor que se produce en mi cerebro. Estoy viviendo como un pobre anciano, y aún no cumplo los treinta. Me provocás mucha impotencia, ya te lo expliqué una vez. Conseguiste otra oportunidad, la desperdiciaste. No entendí tu forma de ser, aunque me divertía. Lo cagaste otra vez.
Por eso te escribí esta carta. Si todo va a ser como antes, espero que ahora te des cuenta el daño irreparable que has causado tanto en mí, como en mi esposa. Así como también el que te auto provocaste.
Me enteré que también has estado molestando a mis amigos, y a sus amigos. ¿Te das cuenta porqué la sociedad ya no te respeta?
martes, 25 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario